We are living in a dangerous world

Es la historia de siempre. El mismo planteamiento pero con motivos distintos. Ahora toca hablar de una de las enfermedades más comunes de nuestros días. No hablamos de la gripe A o el cáncer sino de la violencia en todas sus posibles expresiones. En este caso, nos planteamos muchas preguntas aunque a veces las respuestas son difusas y poco claras. Pero lo peor de todo es que el asunto no termina y, encima, aumenta día a día. La posesión de armas es un asunto que trae cola y que afortunadamente nos coge lejos. Ya lo reflejó muy bien aquel director americano, la bestia del mandato de George Bush Jr., Michael Moore en su documental –ganador de un Oscar- Bowling For Columbine. América del Norte y Canadá son países vecinos y las pistolas son casi un derecho adquirido –incluso las regalan abriendo una cuenta bancaria-. Eso sí echemos un vistazo a una pequeña diferencia: si en los Estados Unidos, una de las 36 naciones más ricas del mundo, la situación es de 500.000 incidentes por año; Canadá por su parte es el octavo país más pacífico según la lista del Global Peace Index. El índice delictivo  de los USA es cuatro mil veces mayor que el de Japón  –el país número 36 en el ranking de riqueza-. En el país nipón durante el curso del año 2006 se registraron tan solo 53 incidentes.

Hemos tratado un tipo de violencia que se ve lejana pero que cada vez la tenemos más presente en España. Ahora centrémonos en la violencia de género. Siempre se tiende a frivolizar este tema y más cuando vemos muertes a diario en los informativos. Para mí no existe explicación racional a estos atroces sucesos. La experiencia nos demuestra que las denuncias no siempre son efectivas y cuando lo son llegan con el retraso suficiente para que el asesino cometa sus más retorcidas acciones. La violencia va ligada directamente a la agresividad y viene de nuestros ancestros. El hombre proviene del animal y estos se enfrentan por conseguir el liderazgo de la manada o por apoderarse de la hembra más atractiva. El género de acción aparece semanalmente en las películas que vemos en las salas de cine. Incluso los deportes olímpicos reflejan esa lucha del individuo contra los rivales. ¿Qué ocurre cuando la persona que tenemos al lado, que amamos, se convierte en el receptor y sufre todas nuestras frustraciones? En época de crisis todo se magnifica y las personas están al límite. Embargos, deudas y muchos otros factores hacen que el aumento sea insostenible. Cada vez nos acercamos más a los antepasados y perdemos el norte en detrimento de nuestra calidad de seres humanos. ¿Qué nos está pasando?

Último dato que refleja que no hay explicación. Los países nórdicos y con temperaturas más bajas están ocupando las posiciones privilegiadas del listado del pacifismo mundial. Pero en estas mismas regiones la gente bebe cantidades ingentes de alcohol –la cultura y el frío extremo ayudan-, hay suicidios en índices desproporcionados y con la implantación en la cultura de movimientos musicales como el black metal -se asoció este género musical al satanismo- se prodigó la habitual quema de iglesias. Eso sí, por lo visto, todos los vecinos se quieren y respetan. En definitiva, un mundo de locos cojas por donde lo cojas: principio o final.

Roser López

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