Archive for 30 noviembre 2009

El mal está en todas partes

30/11/2009

Lo siento pero no lo puedo evitar. Cada vez que recuerdo la novela Millenium y más precisamente el personaje de Lisbeth Salander y todas las atrocidades que ha experimentado y, por el contrario, realiza vuelvo a escuchar en mi cabeza todas esas melodías del anticristo musical por excelencia: Brian Warner más conocido como Marilyn Manson. El mundo de ambos es vigente. Larsson invade las estanterías de las librerías más importantes, los vagones de metro están llenos de lectores incansables que muestran su predilección por alguno de los tomos de la trilogía del sueco y ahora es momento de rentabilizar la muerte del escritor a través de la proyección en las salas de cine. Si Hollywood ya ha comprado los derechos y prepara proyectos con presupuestos desorbitados en enero se anuncia la película del tercer libro en salas de medio mundo. ¡Viva el consumismo!

Pero sigamos con el reverendo Manson y su conexión con el mundo de Millenium. ¿Por qué un artista que está acusado de ser el responsable de la matanza de Columbine se pasea a sus anchas por el planeta y atrae tantos seguidores? Pues por lo mismo que la trilogía de Stieg Larsson es un éxito de ventas. Todo lo peligroso y prohibido, lo oculto tras la aparente bonhomía de la humanidad es lo que nos atrae en mayor grado a los mortales, a la gente de a pie. Una historia de corrupción política –gracias Millet por tantas noticias en los últimos meses y dejar a Catalunya en un lugar lamentable-, traiciones y violencia es plato de buen gusto para un público mayoritario. ¿Qué mejor forma de olvidar nuestra vida de hastío y soledad en urbes desoladoras y alienantes? Leyendo un libro de Larsson, viendo una de sus películas o asistiendo a uno de los conciertos que en breve realizará MM en nuestro país. Todo nos lleva al mismo sitio. ¿Es lícito seguir las hazañas de violentas de una mujer que clama venganza a cualquier precio? La pregunta está en el aire pero nunca antes música y fenómeno de masas habían ido tan de la mano. Sino, preguntad a los fanáticos de ‘La Naranja Mecánica’ si se acuerdan de la banda sonora.

Roser López Gaya

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EL precio de la seguridad

25/11/2009

La misma intromisión en la intimidad personal que vemos en el libro de Larsson, le podemos encontrar en nuestro día a dí con solo echar un vistazo a nuestro alrededor. Constantemente se viola nuestra intimidad por medio de cámaras instaladas en los lugares más comunes y bases de datos a las que tenemos que vender nuestra intimidad a cambio de una serie de servicios.

Sin embargo, la sensación de seguridad que nos dan estos sistemas nos ha llevado a aprender a convivir con ellos. Pocos son los que todavía reparan en la presencia de las cámaras de vigilancia cuando realizan actividades cotidianas como ir en el metro o hacer la compra en un supermercado. Y sistemas de vigilancia como los de los cajeros automáticos dan, a muchos, una gran tranquilidad a la hora de sacar dinero en un banco. Éstos, son sistemas que han demostrado resultar de gran ayuda a la hora de resolver casos de robos o de violencia, ante los que el ciudadano suele encontrarse indefenso.

Larson muestra en estos libros una realidad extrema que nos hace reflexionar y reparar en la actitud intrusiva a la que las autoridades nos someten en pro de nuestra seguridad. Nos propone un nuevo periodismo de denuncia en el que el periodista se confunde con un investigador privado.

Ana Herrero

Seguridad al precio de la libertad

19/11/2009

“Ningún sistema de seguridad es más fuerte que su usuario más débil”

Lisbeth Salander

Esto lo dice una chica de veinticuatro años después de violar la protección de los ficheros de la policía, colándose en el ordenador personal de un fiscal que guarda allí todos los informes sobre ella.

Salander es capaz de meterse en el disco duro de cualquiera e inmiscuirse en su intimidad sin que su conciencia se vea lo más mínimo afectada, traspasando cualquier barrera moral, si cree que ello es necesario para alcanzar sus objetivos.

Bajo la misma máxima, el Estado actúa igual que la hacker sueca.

En los aeropuertos de Estados Unidos, y ya en alguno europeo, se han instalado escáneres de rayos X que permiten a los encargados de los controles de seguridad ver claramente el cuerpo desnudo de los viajeros. Pueden acceder así a información de vital importancia para la seguridad del vuelo: saber si un pasajero lleva una pistola escondida en su ropa interior sin necesidad de cachearle, ver si alguien se ha insertado una bomba en su estómago para hacerla explotar en el avión, o conocer si alguno de los sujetos escaneados se ha hecho un implante de pene o averiguar su talla de sujetador. Por no hablar de la ley de retención de datos que obliga a las compañías de telecomunicaciones a conservar detalles sobre llamadas telefónicas, faxes y correos electrónicos privados de sus clientes, con el fin de que la información, en caso necesario, pueda ayudar a evitar otros posibles onces eses y emes. Y, ya de paso, una vez en posesión de la dirección IP de nuestro ordenador, husmear los sitios web que acostumbramos a visitar y poder elaborar un perfil completo sobre nuestra identidad: gustos, manías, nivel de estudios, cuenta bancaria, círculo de amistades, preferencias políticas, tendencias sexuales…

Existe una gran tensión entre el deseo de seguir manteniendo en privado los artículos que leemos cada mañana en el periódico on line, las películas que nos bajamos de Internet, los foros que visitamos, los correos que recibimos y enviamos… y el deseo de sensación de seguridad al saber que aquél desconocido de piel morena sentado junto a ti en el avión no volará por los aires antes de lo debido.

Yo debo formar parte de ese 10% que, cohibida al sentirse observada por una cámara de videovigilancia, y lejos de querer vivir en un mundo como el de 1984, prefiere disfrutar de un poco más de libertad, aun siendo a costa de la salvaguarda de mi seguridad.

Meritxell-Anfitrite Álvarez Mongay